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Y en seguida se puso a predicar en las sinagogas proclamando que Jesús es el Hijo de Dios. Todos los que lo escuchaban se quedaban estupefactos y decían: «¿No es éste el que perseguía en Jerusalén a los que invocan ese nombre, y no ha venido aquí para llevarlos encadenados a los sumos sacerdotes? Saulo cobraba cada vez más ánimo y tenía confundidos a los judíos de Damasco, demostrando que Jesús es el Mesías.
La conversión te llevó a la misión. Y bien temprano. Ya en Damasco sentiste la necesidad de anunciar que Jesús es el Mesías y fuiste anunciándolo en las sinagogas. Y acertaste, pues el auténtico discípulo de Jesús siente en lo más hondo la necesidad de comunicarlo, la llamada a anunciarlo, lo que llamamos “la misión”, el envío. Quizá eso fue determinante para saber de la veracidad de tu conversión. Para que otros oigan la verdad sobre Jesús el discípulo la ha tenido que proclamar a los cuatro vientos.
Si el mensaje cristiano está llamado a ser comunicado y anunciado no es para imponerlo a nadie por la fuerza, sino para que todos tengan la oportunidad de conocer el amor de Dios.
Yo te he conocido, Señor, no por el testimonio de otros, sino porque tú te has dado a conocer a mí. ¿Qué puedo hacer por ti? Puedo hacer que te conozcan, puedo ser el instrumento por el cual otros muchos alcancen a vibrar ante tu música. He comprendido que tu Evangelio y tu salvación son universales. Yo lo llevaré allende las fronteras, hasta Hispania, hasta los confines del mundo hasta ahora conocido. Cuenta conmigo, Señor.
| Anunciaremos tu reino, Señor, tu reino, Señor, tu reino. |
Reino de paz y justicia, reino de vida y verdad. Tu reino, Señor, tu reino. |