
Etapa I | II | III | IV | V | VI | VII | VIII | IX
Lectura (Hechos 9,1-9)Saulo, respirando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, con el fin de que si encontraba algunos que siguieran este camino, hombres o mujeres, pudiera llevarlos presos a Jerusalén. En el camino, cerca ya de Damasco, de repente le envolvió un resplandor del cielo; cayó a tierra y oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» Él preguntó: «¿Quién eres, Señor?» Y él: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate y entra en la ciudad; allí te dirán lo que debes hacer». Los que le acompañaban se quedaron atónitos, oyendo la voz, pero sin ver a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada; lo llevaron de la mano a Damasco, donde estuvo tres días sin ver y sin comer ni beber.
No tenías previsto lo que aquel día ocurrió. Tú ibas a Damasco para perseguir a los cristianos, pero no contabas con que el propio Jesús te saldría al encuentro y te hablaría: «¿Por qué me persigues?» No hubo respuesta. Quedaste desconcertado, pero ese hecho iba a cambiar toda tu vida. Siempre habría un antes y un después de aquella experiencia.
El encuentro con Jesús es siempre fuente de conversión. Quien se encuentra con Jesús y se siente fascinado por Él, se compromete con Él, se pone a la total disposición de Dios. Lo anterior ya no cuenta. La conversión comienza una vida totalmente nueva.
¿Qué me ha pasado? ¿Quién soy yo en realidad? ¿Qué estoy haciendo de mi vida? ¿Por qué me ha hablado a mí, precisamente a mí? ¿Qué significa mi ceguera? Jesús, ¿qué quieres de mí?
| Yo quiero ser, Señor, amado como el barro en manos del alfarero. Toma mi vida, hazla de nuevo; yo quiero ser un vaso nuevo. |
Te conocí y te amé, te pedí perdón y me escuchaste. Hoy soy feliz porque te conocí; gracias por amarme a mí también. |