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Lectura (Hechos 7,58-60; 8,1-3)Llevaron a Esteban fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos habían dejado sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo. Mientras Esteban era apedreado oró así: «Señor Jesús, recibe mi espíritu». Y puesto de rodillas gritó con fuerte voz: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado». Y diciendo esto, expiró. Saulo aprobaba este asesinato.
Aquel día se desencadenó una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén; y todos, excepto los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría. Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él. Saulo, en cambio, asolaba la Iglesia; entraba en las casas, sacaba a rastras a hombres y mujeres y los metía en la cárcel.
| Juntos cantando la alegría de vernos unidos en la fe y el amor. Juntos sintiendo en nuestras vidas la alegre presencia del Señor. |
Es el Señor, nos acompaña al caminar, con su ternura a nuestro lado siempre va. Si los peligros nos acechan por doquier nuestro amigo Jesús nos salvará. |