Alero de la Puerta Tramontana (1594, Maese Antón de Prado)
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Los antiguos órganos rectores de la Parroquia de San Pablo

Cuando al desarrollar trabajos de investigación se estudian los documentos guardados en el Archivo Parroquial de San Pablo se observa en ellos la frecuente mención a dos órganos: el Capítulo Eclesiástico y la Junta de Parroquia; tales menciones son obligadas porque dichos órganos, absolutamente distintos entre sí pero complementarios, fueron en siglos pasados los rectores de la Parroquia. Veamos brevemente cuáles eran su composición y funciones respectivas.

Estatutos del Capítulo Eclesiásatico de San Pablo (1800)El Capítulo Eclesiástico estaba formado sólo por Beneficiados ―sacerdotes cuyos servicios remuneraba el propio Capítulo con el beneficio obtenido de los bienes y legados, tales como fincas, pertenecientes a la Parroquia― que, encabezados por el Vicario ―cargo hoy equiparable al de Prior o Abad de Colegiata―, se ocupaban exclusivamente del aspecto espiritual de la comunidad de fieles y de organizar y celebrar los cultos. El Capítulo Eclesiástico de San Pablo llegaron a componerlo más de 40 Beneficiados, cuyas vacantes se cubrían mediante severos exámenes a los que concurrían clérigos de sólida formación, generalmente doctores en Ciencias de la Iglesia. A modo de ejemplo fueron Beneficiados de San Pablo D. Diego de Monreal, primero canónigo visitador del Obispado de Zaragoza y después obispo de Huesca hasta su muerte en 1607, cuyo sepulcro de alabastro se encuentra en la capilla de Santiago; el Dr. Sebastián Lancis, que murió en olor de santidad en 1686, conservándose su cadáver en urna de cristal en el altar de la sala capitular y D. José María Villafañe, Inquisidor Mayor de Aragón fallecido en 1824, que está inhumado en la cripta.

Salvo en los inherentes a la administración del (entonces considerable) patrimonio parroquial, el Capítulo Eclesiástico no intervenía ni tenía atribución alguna en los demás asuntos de la Parroquia relacionados de uno u otro modo con lo pecuniario, bien afectaran a la fábrica de la iglesia (obras, ampliaciones, remodelaciones...), a sus elementos complementarios (retablos, ornamentos, orfebrería…) o, incluso, a la recaudación y distribución de almosnas ―limosnas―, ya que todo ello era materia reservada a la Junta de Parroquia. Esto fue así hasta fines del siglo XVII, época en la que, por diversas circunstancias y en virtud de algunos concordatos, parte de las competencias de la Junta se comenzó a transferir al Capítulo, pasando éste a tener de forma gradual mayor potestad sobre el templo hasta llegar a regirlo por completo en la primera mitad del siglo XX.

Libro de Almosna y Luminaria (años 1566 y 1567) y de Obrería (1587)La Junta de Parroquia, cuyo origen se remonta a la constitución de la Parroquia de San Pablo en 1259, se ocupó, pues, íntegramente durante varios siglos del aspecto material de la iglesia, ostentando en ella poderes ejecutivos y administrativos absolutos. La Junta estaba formada sólo por seglares que el Capítulo de Parroquianos ―reunión general de cuantos habitaban en el ámbito de la Parroquia― elegía por votación popular hacia el 24 de junio bienalmente; ningún cargo era remunerado, y los principales, que la Junta designaba de entre sus componentes, eran dos: Luminero ―Presidente― y Obrero ―Administrador―; a diferencia del Luminero el Obrero ejercía su cargo sólo durante un año, desempeñándolo al siguiente otro miembro de la Junta.

En especial durante los sigos XVI al XVIII fue frecuente que, dada la preeminencia que tenía en la Parroquia de San Pablo, el cargo de Luminero, por el gran prestigio social que conllevaba, recayera en un feligrés de elevado estatus (un noble influyente ―como el duque de Villahermosa, el de Híjar, el conde de Aranda...―, o bien un patricio, notario, etc.), porque su alta posición le permitía invertir y recabar notables sumas de dinero tanto para contribuir a las numerosas obras caritativas y actividades de la Parroquia como, a modo de mecenas, a las de engrandecimiento y esplendor del templo. El Obrero, por su parte, solía ser un parroquiano igualmente destacado, cuya misión era gestionar y supervisar con todo detalle el día a día de la iglesia.

Por los libros de cuentas que se conservan en el Archivo, y con independencia de que también haya otros complementarios, se aprecia que respecto al Capítulo Eclesiástico el más importante era el voluminoso Cabreo de Beneficios (sí, de ese modo se denominaba el censo de propiedades); los de la Junta de Parroquia eran, por su parte, el de Luminaria y Almosna (llevado por el Luminero, quien custodiaba el dinero destinado a las limosnas porque las distribuía personalmente cada sábado a los pobres de la Parroquia) y el de Obrería, donde el Obrero asentaba los ingresos y gastos habidos en la iglesia.

(El artículo precedente ―escrito por Trinidad Velilla Marín, colaboradora parroquial del Área de Patrimonio e investigadora― fue publicado en la revista anual "El Gancho", edición especial 2008).